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martes, 22 de marzo de 2022

VILLARES DE JADRAQUE (Guadalajara)

 VILLARES DE JADRAQUE (Guadalajara)

Villares de Jadraque es un municipio español de la provincia de Guadalajara, en la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha. Tiene una superficie de 17,2 km² con una población de 54 habitantes y una densidad de 3,2 hab/k.(Wikipedia)

 

UNA HISTORIA DE VILLARES DE JADRAQUE

 

CARNAVAL, BAJO LA MONTAÑA SAGRADA.

En Villares de Jadraque, al pie del Alto Rey

 

   Cuenta la leyenda que un lejano día quedó encerrado el dios Caco, ladrón de toros y bueyes, bajo la montaña que le echó encima el propio Hércules y que, desde entonces, y a través de los siglos, braman las bestias y cocean la tierra, tratando de escapar a su encierro, generando con ello las consabidas tormentas, los truenos y algunas cosas más que el misterio de los tiempos no ha sido capaz de resolver. Un encierro que se encuentra en las entrañas del más que mítico monte Moncayo. Una de esas cumbres de la tierra, divisoria de tres reinos, Castilla, Aragón y Navarra; hermana de dos de las cumbres señeras de la hoy provincia de Guadalajara, Ocejón y Alto Rey.

   Nada extraño que el bramido de aquellos toros y bueyes estremezca las entrañas de nuestros picos sagrados que, sin duda, en el fondo de la mitología y la leyenda, debieron conservar nuestros ancestros; sino aquella, otras más que semejantes, que forjan el sentir, querer y admirar lo que se esconde detrás de lo que no entendemos. A los pies de ambos picos provinciales, Ocejón y Alto Rey, convertidos en máscaras, en ídolos paganos de un tiempo que los buscó, corretearán, este sábado de Carnaval, tal vez los descendientes mitológicos de aquellos toros que en las entrañas de la tierra escondió el hijo de Júpiter; por el Ocejón deberán corretear las máscaras de Almiruete; por el Alto Rey de la Majestad, lo serán los Vaquillones de Villares de Jadraque. Herederos todos de un tiempo, de unas creencias, de unos ritos… De una tradición que el paso del tiempo engrandece.


 

 

El Alto Rey, la montaña sagrada

   Algo ha de tener el Santo Alto Rey que, a más de atraer las miradas de la provincia, puesto que se divisa su cima a través de una buena parte de ella, atrae y también atrajo la mirada de los investigadores, los historiadores, los devotos o los simples curiosos.

   Más de mil años hace que por las altas cimas, quizá buscando las cercanías del cielo, se aposentaron los monjes, guerreros o caballeros del Temple. Por aquellas ruge el viento y se divisa, con profundidad de horizontes limpios, el inmenso plano de una tierra inmensa, que es la de este rincón de Guadalajara que fuese la frontera castellana.

   A la cumbre llegaron, en busca del mito, o de observar aquel horizonte, hombres de letras y de ciencias, desde el sin par doctor Kaestner, cuyo viaje a la cumbre nos relató el ingeniero Menéndez Ormaza: Y ahora volved vuestra vista a los escalonados valles y barrancos, por donde al Sur serpea el Bornova a la busca del Henares camino de la corte de las Españas; al erudito Pérez Villamil: Yo no he visto paisajes más melancólicos que los que ofrece por doquiera este rincón de España, ni costumbres más morigeradas y sencillas que las de sus  moradores. Los pueblos son de corto vecindario, las casas que los forman humildes chozas de piedra y lodo cubiertas con hojas de pizarra negra, y los campos que los rodean tierras áridas, en su mayor parte, que apenas bastan a soportar la leve carga de cereales que en ellas se siembran.

   Pero siempre fue la cumbre, lo apuntó el cronista Juan-Catalina García López, lugar de reflexión, de extasiada reflexión: Para quien ha visitado gran parte de las regiones de España, y no pocos países extranjeros, la ascensión al Alto Rey no debía ser causa de asombro y de profundo deleite, pero cierto es que lo fue.

 

Villares de Jadraque, al calor de la plata

   Se pierde en el tiempo el origen de Villares de Jadraque, como se pierde el de las poblaciones que lo rodean, desde Zarzuela a Gascueña pasando por La Bodera o Bustares. Tierras que fueron de íberos, de celtíberos, arévacos o pelendones; al fin y al cabo, todos un mismo pueblo; tierra en la que se abrieron paso, no sin poco empeño, las aguas del padre río, el Bornova, que desde sus inicios, por el manadero de Somolinos, desciende calmo en busca del valle. Atrás quedan los pinares de Campisábalos y Condemios, los embrujos de Albendiego, Prádena o Gascueña para, al fin, limar peñascos por tierra de Villares antes de descender a través de Hiendelaencina a la que fue su puerta al mundo: el Congosto de San Andrés y de Alcorlo.

   Fue tierra de riqueza minera mucho más allá del siglo XIX, cuando a don Pedro Esteban Górriz y a don Antonio Orfila les dio por invertir en el mundo de la plata, y por sacar lo que la tierra escondía. Mucho antes que ellos, por estos mismos pagos, la plata y el oro partió camino de Roma, para engrandecer sin duda aquel imperio, el romano, que fue efímero por aquí. La riqueza que ofreció la naturaleza, casi siempre se disfrutó lejos de sus orígenes. Aquí sólo quedó la pizarra. La pizarra, convertida en símbolo de una comarca, más allá de las faldas del Ocejón. Y las gentes. Gentes que jugaron, sirva la expresión, a sobrevivir, a mantener el rito, la tierra, la casa, la memoria de sus tradiciones. La fuerza etnográfica de sus festejos paganos. Sus Vaquillones.

 

Vaquillones de Carnaval, en Villares

   Son, los vaquillones de Villares de Jadraque, lo escribimos ayer y lo repetimos hoy, los diablillos de la comarca del Alto Rey que, por estas fechas carnavaleras, se enseñorean como ellos solos saben hacerlo del amplio horizonte que sube desde Hiendelaencina hasta doblar la montaña en línea recta. Cada cual, en la ciudad, como en los carnavales de Venecia, se disfraza como quiere, o como puede, porque Carnaval es inversión, con la cara tapada. Y cada cual, por nuestras sierras, rinde culto a sus ancestros. Y representa lo que para ellos es poco menos que sagrado. Y se echa encima la cuerna de sus bueyes, sus toros o sus vacas; se enristra los cencerros que dieron cuenta de donde pacían en noches de luna; se arrebolan los cobertores de sus mulas, como antes lo hicieron con los pellejos de sus cabras, y sobre ellos se echan las amugas que cargaron la leña y el grano; se forran la cara para que no los conozcan y salen a rondar las calles. Amorcar, corretear, danzar, pitear…, y todo aquello que se nos pueda ocurrir.

   Son como los toros que robó el dios Caco y encerró el hijo de Júpiter bajo la montaña sagrada y a los que, un día al año, se les da libertad. Y la disfrutan, porque, al cabo del día, volverán a su cueva, a su encierro, a mugir y patalear creando las tormentas. Tras la diversión y el ruido, el silencio penitente de las cuaresmas. Después del exceso, la calma.

   Los Vaquillones de Villares mañana, sábado de Carnaval, saldrán a mugir, a cencerrear entre la pizarra negra que pintó el entorno. A recordar que hace cincuenta, cien, doscientos años, sus antepasados hicieron lo mismo; como pudieron, como supieron. Es la tradición. El recuerdo del pasado y la viveza del presente. La antesala del silencio cuaresmal.

 

 Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 25 de febrero de 2022

UN LIBRO, SOBRE VILLARES DE JADRAQUE

 VILLARES DE JADRAQUE Y SUS VAQUILLONES


   Se encuentra Villares de Jadraque al Noroeste de la provincia de Guadalajara, en la llamada Sierra Norte, como punto de unión entre los sistemas montañosos Central e Ibérico, donde se forman una buena parte de las serranías provinciales, entre las cimas de los Pico Ocejón y Alto Rey, a una altitud de 1.041 metros sobre el nivel del mar, contando con una superficie de 17,2 kilómetros cuadrado. Contando en la actualidad con una población que ronda los 20 habitantes. Encuadrado en la actualidad en el partido judicial de Sigüenza, al haber desaparecido la mayoría de los que conformaron la provincia de Guadalajara, dentro de la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha, como parte de la antigua Castilla-La Nueva, a la que geográficamente perteneció.

 


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   Fue tierra en la que se trabajó la minería de la plata. Pues si bien se tiende a generalizar, dando a aquella población el protagonismo de unos años que pudieron cambiar el panorama provincial, y por supuesto el comarcal, similar importancia, en cuanto a trabajos y prospecciones mineras tuvieron otros pueblos del entorno, entre los que cabe citarse a Gascueña de Bornova, La Bodera, Robledo de Corpes, y, por supuesto, Villares, en cuyo término municipal se abrieron un número de pozos similar a los que en los primeros años horadaron las entrañas de Hiendelaencina, en donde quedó centralizada, por decirlo de alguna manera, la que fue llamada en algunos medios “California Española”.

   Su peculiar carnaval está protagonizado por los Vaquillos, que cubren sus rostros con caretas de esparto o aspilleras, y la cabeza con un sombrero de paja, el cuerpo con cobertores rojos, semejantes a los utilizados antaño para las caballerías.

   Sobre los hombros llevan las amugas, en cuya parte delantera sujetan los cuernos, y los cencerros en la trasera.

 

 


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EL LIBRO:

  • ASIN : B08T4MLRP3
  • Editorial : Independently published
  • Idioma: : Español
  • Tapa blanda : 290 páginas
  • ISBN-13 : 979-8595736497
  • Peso del producto : 209 g
  • Dimensiones : 13.97 x 0.69 x 21.59 cm

 

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viernes, 21 de febrero de 2020

VILLARES DE JADRAQUE, Y SUS VAQUILLONES
Son, quizá, los figurantes más antiguos de nuestro carnaval

Tomás Gismera Velasco

   Las botargas, tan coloristas como saltarinas, diablunas y juguetonas son sin duda uno de los personajes más conocidos en los carnavales de algunos de nuestros pueblos. Botargas que simbolizando en unas ocasiones el mal y el bien en otras, terminan de la misma manera sean como sean, esto es, amansadas al mandato divino; pues la mayoría de ellas están asimiladas a algún santo patrón de las fiestas de invierno. Han dado, y lo continúan haciendo, seña de identidad a nuestra provincia, especialmente en los últimos años, en los que se han ido recuperando de aquellos lugares de los que marcharon, principalmente en poblaciones de la Campiña.

   Pero al margen de las demoniacas, danzarinas y bulliciosas botargas, el rico carnaval de la provincia se nutre de otras figuras, entre ellas, los vaquillones de Villares de Jadraque.





Villares de Jadraque
   Cuesta imaginarse la cara de sorpresa que debieron de poner los ingleses al verlos aparecer cuando, va para doscientos  años, se aposentaron, los ingleses, en la zona de Villares a la búsqueda del tesoro. El tesoro que escondían las entrañas de esta tierra en plata y en oro, cuando la riqueza minera sembró el entorno de Hiendelaencina y ascendió a las faldas de la montaña sagrada de la provincia, las del Alto Rey que miran y bendicen desde el origen de los tiempos estas tierras.

   Entonces, cuando los ingleses, antes de que lo hicieran los franceses, se aposentaron por aquí, Villares de Jadraque llegó a censar a cerca de cuatrocientos habitantes, hoy la cifra se reduce de tamaña manera que casi sobran dedos en las manos para contarlos; pero como entonces, estas continúan siendo tierras hermosas, de salvaje naturaleza que arroba el ánimo desde el momento mismo en que comienza el ascenso hacía la cumbre, a la vera misma del molino que toma el nombre del pueblo y parece partir en dos la carretera. Este molino es uno de tantos que le surgen a las aguas del Bornoba; uno de los muchos que desde que sus aguas comienzan su andarín recorrido hasta que lo rinden fueron industria de la que se sacó harina y electricidad. Molinos que, como está mandado, fueron de gentes importantes.




   Alguno que otro llegó a administrar por aquí don Benito Ibave, que desde Gascueña –entonces del Alto Rey-gestionó sus minas de plata, sus fábricas de luz, e incluso  sus salinas del Gormellón, en Cercadillo, que pasaron a su sobrino don Silverio casado con una hija de los Perucha de Hiendelaencina, que estos, los Perucha, fueron de los primeros forasteros en aparecer por aquí, pues ya andaban por estas tierras medio siglo antes.

   Villares fue durante mucho tiempo uno de esos pueblos inaccesibles, como la mayoría de los que se asientan a los pies del Alto Rey de la Majestad, divino y señorial.

   Por esta parte el Alto Rey se muestra menos agreste, más manso que por el otro lado de la sierra. Por aquí enseña su cara buena tendido al sol del Oriente.

   Villares de Jadraque era entonces inaccesible porque no había carretera para llegar a él. Tan duros eran los tiempos en los que se abrieron las carreteras que la mayoría de las que conducen a estos pueblos del Alto, se dejaron para lo último. Y con ese dejar las cosas para mañana, ya se sabe lo que pasa. Y lo que les pasó a todos estos pueblos que como los polluelos se arrebujan bajo las alas de la clueca, que es nuestro Santo Alto Rey de la Majestad que cuando se encabrita, y lo hace con más frecuencia de lo que debiera, deja al entorno sin luz eléctrica. Aunque a lo mejor eso no es cosa de nuestro Alto. Si de él dependiese es seguro que miraría mucho más por su gente. Eso, seguro, es cosa de la burocracia, como lo de dejar para lo último estas carreteras.

   Es de Jadraque, Villares, porque se encuadró en sus tierras, y en el sexmo del Bornoba, cuando don Pedro González de Mendoza se lanzó a truequetear tierras y se hizo con la mayoría de las que dominan la mirada por aquí. De ahí que cuando se llevó a cabo la instrucción para saber lo que había o dejaba de haber, en tiempos del segundo rey Felipe a fines del siglo XVI, se decía que pertenecían las tierras al Señor Marqués del Cenete, que era dueño de Jadraque, sus tierras sexmos e incluso de las vidas de sus pobladores. El Marqués, hijo de don Pedro.





   No sabemos si también de sus diablos, vaquillones, cornamentos o como los queramos llamar, que por llevar, cuernos llevan. Los vaquicas, les llamaron también, en plan finolis, antes de que se terminase el siglo XX.

   Nos decían sus representantes, en aquella indagación territorial del siglo XVI, que por sus caminos ni se iba a ninguna parte, ni a lugar señalado ni nombrado, y que celebraban fiestas por San Sebastián, San Fabián, Santa María Magdalena, Santa Quiteria, Santa Ana…

   Fiestas poco invernales, salvo las de los santos Fabián y Sebastián, que suelen ser carnavaleras y se celebran hermanadas el 20 de enero. Pero nada nos dicen de sus diablescas mascaradas; como tampoco nos hablan de ellas quienes siglos adelante se ocuparon en responder a don Fausto de Zaldívar, que parece fue el encargado de preguntar para lo del Catastro de Ensenada. Y es que, por aquellos siglos, no había costumbre de reseñar estas fiestas que, todo hay que decirlo, además de ir de alguna manera contra las leyes de la iglesia eran, por demás, festejos de gentes de baja condición, entendiendo en esto a quienes la sangre noble no les corría por las venas. Y si por estas tierras nos metemos, eran gentes dedicadas a la vaquería, al pastoreo, a vivir del monte en una palabra.

   De ahí que a los franceses, y a los ingleses, tan poco acostumbrados a las manifestaciones de esta nuestra tierra, tan señoritos ellos, les llamasen la atención nuestras costumbres y quisieran, como don Eugene Pierat, retratar las procesiones de Cogolludo; y don Edward Rowse, darse un garbeo por las ventas de la comarca. A don Eugene Pierat lo tuvieron que rescatar sus amigos de entre la marabunta de mozos cogolludenses, que vieron en el gesto del francés una ofensa a las tradiciones. A don Edward Rowse la broma le salió por 25.000 duros de los del siglo XIX.




Los Vaquillones
   Son, los vaquillones de Villares de Jadraque, los diablillos de la comarca del Alto Rey que, por estas fechas carnavaleras, se enseñorean como ellos solos saben hacerlo del amplio horizonte que sube desde Hiendelaencina hasta doblar la montaña en línea recta. El otro lado pertenece a otros diablos enmascarados, como el otro lado pertenece al hijastro de nuestro Alto Rey, al Ocejón.

   Cada cual en la ciudad, como en los carnavales de Venecia, se disfraza como quiere, o como puede. Y cada cual, por nuestras sierras, rinde culto a sus ancestros. Y representa lo que para ellos es poco menos que sagrado. Y se echa encima la cuerna de sus bueyes, sus toros o sus vacas; se enristra los cencerros que dieron cuenta de donde pacían en noches de luna; se arrebolan los cobertores de sus mulas, como antes lo hicieron con los pellejos de sus cabras, y sobre ellos se echan las amugas que cargaron la leña y el grano, se forran la cara para que no los conozcan y salen a rondar las calles. Amorcar, corretear, danzar, pitear…, y todo aquello que se nos pueda ocurrir.


   Reaparecieron, se había perdido entre los dobleces de la emigración, en 1988; de entonces acá cencerrean por estos remansos montañeros del Alto Rey majestuoso.

  La comparsa formaba parte de las fiestas de mozos, ya que eran ellos los encargados de dar vida a los festejos, reuniéndose en la casa del concejo donde tenían lugar sus meriendas y desde donde salían con el fin de hacer sus rondas musicales entre el domingo gordo y el de piñata, participando únicamente los jóvenes que estaban a punto de entrar en quintas. Sin que, una vez disfrazados, hablasen entre ellos con el fin de no ser reconocidos. O hablaban, a golpe de pito, chiflo o silbato.

   Las máscaras, que ahora son de arpillera, eran antes de animales de aquellos que, por estas tierras, se tildaban de salvajinos. Hoy todos se han domesticado, tanto que nos invitan con su gesto amable, sus cencerros, sus cuernos, sus chiflos, sus locas trotadas, sus colores y su rito ancestral, a conocerlos in situ. A ellos, y a su pueblo hermoso.

   Mañana salen a rondar, con su zorramango y todo lo demás. Id y veréis que si les dais la caridad, como la tradición manda, se amansarán.

   Son, con permiso de todos los demás personajes que por estos días nos vienen a ver, los ancestros más ancestrales de nuestro ancestral e ibérico carnaval. ¡Larga vida, y mucho cencerreo!


Tomás Gismera Velasco
Guadalajara en la Memoria
Periódico Nueva Alcarria,
Guadalajara, 21 de febrero de 2020

HIENDELAENCINA Y SUS MINAS DE PLATA. CRÓNICAS PARA UNA HISTORIA. Una obra necesaria (pulsando aqui))







lunes, 27 de marzo de 2023

EL ALTO REY DE LA MAJESTAD

 EL ALTO REY DE LA MAJESTAD

La Montaña Sagrada de Guadalajara

Pueblos, gentes, costumbres y tradiciones

 

   Para quien ha visitado gran parte de las regiones de España, y no pocos países extranjeros, la ascensión al Alto Rey no debía ser causa de asombro y de profundo deleite, pero cierto es que lo fue.

   He contemplado el nacimiento del sol en las orillas del Adriático y su puesta en el golfo de Nápoles, desde los jardines encantados de Posilipo; me he asomado al cráter efervescente del Vesubio; he padecido una borrasca de nieve en la salida del túnel de Mont-Cenis; oí cantar las amorosas endechas de los amantes venecianos en las lagunas inmortales que la luna alumbraba; vi caer, formando una música salvaje y remontarse después en nubecillas de vapores irisados, las aguas polvorientas de las cascadas de Tívoli; desde las sombrías alamedas que coronan el santuario portugués del Bon Jesús do Monte, en Braga, llevé mi mirada anhelante y como saltando de montaña en montaña hasta las amadas fronteras españolas; he sentido, en fin, las armonías con que la naturaleza de todos los climas hiere en los sentidos y que resuenan dulcemente en lo más hondo del alma. Aun así, repito, gocé de esas armonías victoriosas durante el tiempo que permanecí sobre las cimas del Alto Rey, haciéndolas más vibrantes la soledad que no enerva la acción de los sentidos corporales ni la atención del espíritu, aun el menos especulativo y soñador.

 

Juan-Catalina García López

 

EL LIBRO DEL ALTO REY, PULSANDO AQUÍ

 

 

SUMARIO GENERAL

-I-

EL ALTO REY

Pág. 9

La Geografía y el entorno

El clima

La vegetación

La industria

La arquitectura negra del entorno

 

-II-

Una incursión histórica

Pág. 23

La Reconquista

El Común de Villa y Tierra de Atienza

El Sexmo del Bornova, en la Tierra de Jadraque

El río Bornova

 

-III-

Los pueblos del Alto Rey

Pág. 45

ALBENDIEGO

ALDEANUEVA DE ATIENZA

PRÁDENA DE ATIENZA

ARROYO DE FRAGUAS

ALCORLO

BUSTARES

GASCUEÑA DE BORNOVA

HIENDELAENCINA

LA NAVA DE JADRAQUE

LAS NAVAS DE JADRAQUE

EL ORDIAL

ROBREDARCAS DE LAS CABEZADAS

VILLARES DE JADRAQUE

ZARZUELA DE JADRAQUE

 

-IV-

Las fiestas tradicionales, ayer y hoy

Pág. 99

Los Mozos de la Machorra, de Bustares

Villares de Jadraque: Los Vaquillones

 

-V-

El patrimonio industrial

La industria minera en la comarca

Pág. 107

Hiendelaencina

Alcorlo

Gascueña de Bornova

Villares de Jadraque

Zarzuela de Jadraque

 

-VI-

La Romería al Alto Rey

Pág. 121

La ermita

La romería

 

-VII-

Los “viajes, al Alto Rey”

Pág. 133

El Alto Rey de la Majestad; por Sinforiano García Sanz

Los viajes al Alto Rey, de Isabel Muñoz Caravaca

El Viaje al Alto Rey, de Manuel Pérez Villamil

Viajes por España del Doctor Kaestner

El Viaje al Alto Rey, de Juan Catalina García López

EL LIBRO DEL ALTO REY, PULSANDO AQUÍ

 

EL LIBRO:

  • ASIN ‏ : ‎ B0BW2ZM1RY
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 214 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8378289035
  • Peso del producto ‏ : ‎ 386 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 15.24 x 1.37 x 22.86 cm

 

EL LIBRO DEL ALTO REY, PULSANDO AQUÍ

 

 

 

 

miércoles, 6 de abril de 2022

LA TIERRA DE JADRAQUE

 

 LA TIERRA DE JADRAQUE

 

La Tierra de Jadraque

   Esta tierra confina por el norte con la provincia de Segovia, al mediodía y occidente con el partido de Guadalaxara, y al oriente con el de Sigüenza; tiene de Norte a Sur unas cinco leguas, esto es, desde Robledo a Villares de Jadraque, que son los pueblos extremos de esta tierra; y de E, a O., por lo más ancho unas seis leguas y media, que es desde la Olmeda de Jadraque hasta el arroyo de las Fraguas. Baña esta tierra el río Henares desde el E. hasta el S. O. como unas cuatro leguas largas. Recibe las aguas del río Bornoba y las de otros arroyos de bastante consideración. Dividen esta tierra en dos sexmos: uno llamado de Bornoba y el otro de Henares. Contiene el primero 17 lugares de señorío secular con alcaldes pedáneos, sujetos a la jurisdicción de la villa de Jadraque; y el de Henares 19 lugares que son también de señorío secular, e igualmente sujetos a la jurisdicción de su principal pueblo, Jadraque, cuya villa se gobierna con un alcalde mayor de señorío.

 

Geografía Histórica Moderna por Thomás Mauricio López; Madrid, 1746

 

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SUMARIO:

 

-I-

La Geografía y el entorno

Pág. 9

Una mirada a la historia. La Reconquista. El Común de Villa y Tierra de Atienza.

 

-II-

La Tierra y Sexmos de Jadraque

Pág. 21

Don Rodrigo y Doña Mencía, Señores de la Tierra de Jadraque. Rodrigo de Vivar y Mendoza, marqués del Cenete y Conde del Cid. Mencía de Mendoza.

 

-III-

El sexmo del Bornoba

Pág. 37

El río. Las poblaciones. La arquitectura del sexmo.

Los pueblos del sexmo del Bornoba: Arroyo de Fraguas; Alcorlo; La Bodera; Bustares; Castilblanco de Henares; Carrascosa de Henares; Congostrina; Gascueña de Bornoba; Hiendelaencina; Medranda; Membrillera; La Nava de Jadraque; Las Navas de Jadraque; Pálmaces de Jadraque; Pinilla de Jadraque; El Ordial; Robredarcas de las Cabezadas; Robledo de Corpes; San Andrés del Congosto; Semillas; La Toba; Torremocha de Jadraque; Villares de Jadraque; Zarzuela de Jadraque.

 

-IV-

El Sexmo del Henares

Pág. 121

Las poblaciones: Angón; Bujalaro; Cardeñosa; Cendejas de En medio; Cendejas de la Torre; Cendejas de Padrastro; El Atance; Huérmeces del Cerro; Jirueque; La Olmeda de Jadraque; Matillas; Negredo; Rebollosa de Jadraque; Riofrío del Llano; Santamera; Santiuste; Viana de Jadraque.

 

 

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-V-

Los castillos

Pág. 157

El Castillo de Jadraque. El Castillo de Alcorlo.

 

-VI-

Los monasterios y conventos

Pág. 171

El Monasterio de San Salvador de Pinilla

 

-VII-

Las Romerías

Pág. 179

La Romería del Alto Rey; La Romería de la Virgen de la Sopeña; La Romería de la Virgen de Valbuena; Romería de la Virgen de la Torre.

 

-VIII-

Las fiestas tradicionales, ayer y hoy

Pág. 201

Los mozos de la machorra, de Bustares; Membrillera, vaquillas de Carnaval y carrera del cabro; Villares de Jadraque, los Vaquillones.

 

-IX-

El patrimonio industrial

Pág. 211

La industria minera de la plata en el entorno de Hiendelaencina.

 

-X-

La Industria Salinera

Pág. 229

Las minas de sal en Tierra de Jadraque.

 

-XI-

Unas líneas sobre Jadraque

Pág. 253

 

 

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  • ASIN ‏ : ‎ B09TN9VVC1
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published 
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 264 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8426073067
  • Peso del producto ‏ : ‎ 463 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 15.24 x 1.68 x 22.86 cm